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El vínculo entre emoción y trauma

Cuando una emoción supera lo que el sistema nervioso puede absorber en el momento, puede dejar una huella más duradera: ahí es donde se anuda el vínculo entre emoción y trauma. ¿Cómo reaccionan entonces las personas traumatizadas frente a las emociones?

Las personas traumatizadas presentan varios tipos de reacciones posibles: la huida, la lucha, o el bloqueo, comunes a todos los seres humanos frente al peligro. A menudo, cuando hay un trauma agudo, el bloqueo toma el control, y puede entonces haber bien negación, bien una forma de sobreactivación, incluso, en ocasiones, una verdadera disociación.

En ese estado, cuando ocurre un acontecimiento y activa emociones, la información enviada al cerebro puede provocar reacciones muy variadas: apatía, o al contrario, una reacción desproporcionada, sollozos incontrolables, un estallido de ira, o un miedo pánico.

Van der Kolk y Levine han explicado estos mecanismos de forma detallada y precisa. Lo esencial es permitir a las personas, en un primer momento, recuperar el poder sobre sus propias reacciones, paso a paso, con suavidad, sin forzar nunca. Las experiencias de tratamiento del síndrome de estrés postraumático que funcionan muestran la importancia de recuperar una conciencia del cuerpo, de volver a tomar conciencia de las sensaciones y las emociones, pero siempre de forma medida, paso a paso, sin excesos, apoyándose en recursos positivos que permiten al cuerpo recuperar su homeostasis cuando surge una emoción demasiado fuerte. Poco a poco, a fuerza de recuperar la capacidad de retomar el control del cuerpo, el proceso de curación psicológica y corporal puede tener lugar. Esta capacidad de volver, por sí solo, a un estado de calma, tiene un nombre: la autorregulación. Es precisamente el mecanismo que el artículo siguiente viene a detallar.

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